domingo, 5 de enero de 2014

La meditación Zen.

El vocablo zen deriva del chino "chan" y este a su vez del sánscrito "dhyana" (contemplación). Se trata de una práctica cuyos orígenes, como tantas otras, se remontan al yoga. Buda simplificó las complejas prácticas yóguicas, particularmente el Hatha Yoga, y esbozó una práctica consistente en:

1. Adquirir una postura equilibrada que favorezca la atención. Esta postura no debe ser ni muy tensa ni excesivamente relajada. En el zen más ortodoxo se propugna sentado sobre los talones, medio loto o loto completo. No obstante, también hay quien lo practica sentado en una silla.


Las manos suelen estar en contacto y armonía.


2. Observar la respiración sin modificarla, o repetir un mantra o numerar las inspiraciones/espiraciones. En definitiva, guiar la atención. Si nuestra mente divaga volvemos con tranquilidad a la práctica, siempre sin forzar.

3. Se evita orientar la meditación a la consecución de la Iluminación, pues ella es un fin en sí misma.

4. La práctica debe ser constante.

Cabe citar como colofón una frase del maestro E. Dogen: "ojos verticales, nariz horizontal; esencia del budismo". Ella refleja el sentido del zen: práctica personal sin dogmatismos.

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