viernes, 22 de septiembre de 2017

La evidencia de lo incontrovertible.

Uno de los pocos hechos incuestionables en nuestra vida es la muerte. Independientemente de si creemos en una vida más allá, o una gran conciencia que define una continuidad en la que está nuestra existencia, o neguemos algo más allá de nuestro fin físico, la muerte nos llega a todos.
Esta realidad incuestionable, cuando realmente se asume, nos baja a la tierra. La persona se vuelve más humilde y se despoja de vanidades para centrarse en lo más importante: ser feliz, hacer felices a los demás, vivir el momento, abandonar luchas yermas, etc.

En este sentido deberíamos orientarnos. No en nuestra prosperidad crematística o nuestro escalafón social, no en sublimar las carencias de otros o reproducir objetivos que nos encadenan y nos son ajenos, sino en ser nosotros en el todo del que formamos parte, en la dicha, en las cosas naturales y en lo simple.


jueves, 14 de septiembre de 2017

El parto

Stanislav Grof es un famoso psiquiatra que estudió las experiencias límites del ser humano y lo que se descubre tras ellas. A través de la investigación sobre las visiones y experiencias en el umbral definió la Psicología Transpersonal, que podríamos considerarla como el estudio de los vínculos del Universo, el tiempo y lo numinoso con el ser humano y la parte trascendente del mismo.
Stanislav Grof define toda crisis como un parto. Se inicia con una época de inocencia, le sigue otra de zozobra, continúa con un conflicto y culmina con un nuevo nacimiento. De esta forma, como ya señalamos en otras entradas del blog, toda crisis que pasamos es, indica el Dr. Grof, un momento en el que se está produciendo un nuevo nacimiento.
El saber orientarnos no nos lleva a un camino llano, pero sí cada vez más luminoso, en el que son inevitables las crisis, es decir, los renacimientos, siempre creativos y en crecimiento.


sábado, 9 de septiembre de 2017

Morderse los propios dientes

"Tratar de definirse a uno mismo es como tratar de morderse los propios dientes"
Esta cita del pensador británico Alan Watts sirve de punto de partida para la comprensión de qué somos. Nuestra identidad se perfila a través de un conjunto de sistemas que van de lo más superficial (recuerdos, propiocepción, mente) a lo más profundo. En la primera de ellas está el consciente, mientras que el subconsciente anda a caballo entre ambas. Pero toda esta estructura es poco menos que un sistema abierto, unido al entorno y en constante cambio. Por ello, la identidad cerrada no existe y es un megasistema abierto al contexto, del que forma parte y que lo define igualmente.
En ese orden de cosas resulta extraño definirse a uno mismo de alguna forma objetiva (como si pudiésemos vernos fuera de nosotros) y absoluta (como si fuésemos algo acabado y cerrado). Lo que somos es algo que pertenece a un todo, que es consciente en parte de sí mismo y que, en ese mismo ámbito, puede decidir -conociendo sus propios mecanismos- qué ser.


martes, 5 de septiembre de 2017

Los guías del pasado.

Las carencias afectivas en la pubertad y adolescencia, época de la vida en la que nuestro referente pasa de nuestros padres/tutores al grupo de iguales, potencian la dependencia de los líderes. En ese momento tan delicado los problemas emocionales pueden derivar en esclavitud hacia el grupo, su ideario, roles y líderes. No obstante esto es un hecho biológicamente explicable: se empieza a definir la personalidad, el camino hacia la autonomía moral, a pensar abstractamente y comienza la vida útil del individuo en el grupo (asumiendo ser un elemento más para la supervivencia de dicho grupo).
La esperanza de vida hace que ese proceso que, biológicamente hablando, parece hacernos meros portadores de genes, concluya generalmente al pasar la adolescencia o primera juventud. Pero no ocurre siempre así. Las mismas carencias antes referidas pueden llevar a la persona a presentar una actitud de perpetuo adolescente.

Cuando se superan todas o buena parte de esos déficits y se mira hacia atrás nos encontramos con, parafraseando el título de la obra de Wim Mertens, la épica que nunca fue. Descubrimos las miserias de los que creíamos nuestros líderes, miserias que, simplemente, los colocan en donde siempre estuvieron: simples seres humanos. El recuerdo mítico de aquella época sigue siendo bello, pero pasa del nivel de lo épico al nivel de, generalmente, bellas y contradictorias relaciones entre seres humanos que compartían la aventura del crecimiento.