miércoles, 28 de agosto de 2013

El cambio consciente.

Nuestras creencias se traducen en un sistema de hábitos que nos definen y, a la vez, configuran el mundo. Estos hábitos refuerzan nuestras creencias; nos enseñan lo que queremos ver. A partir de aquí, el trabajo que hagamos para corregir nuestras creencias inconscientes se traducirá en un cambio de hábitos. En general no podemos cambiar conscientemente todo lo que es inconsciente. Sería una labor titánica y casi imposible. Pero cambiar un hábito, por pequeño y fácil de corregir que sea, introducirá un retoque, mayor o menor, a todo nuestro sistema de creencias sobre nosotros y el mundo y será un refuerzo al cambio en el incosciente, una gran motivación que mejorará nuestro autoconcepto.
Un ejemplo gráfico será aquella persona que tiene ataques de ira. Los motivos inconscientes están ahí y deben ser tratados en tal contexto, pero ser capaz de aguantar por lo menos unos segundos la ira reforzará tales cambios, hará que dicha persona se vea más fuerte y estará más motivada.

domingo, 25 de agosto de 2013

Unidad.

Toda técnica, terapia, camino, vía, etc. debe tener en cuenta la unidad del ser humano. Por tanto, debemos tomar en cuenta nuestro cuerpo, mente, afectividad, postura y la comunicación entre la mente y el cuerpo.
Esto no es nada sofisticado ni novedoso. Ya existe en las formas de oración (la oración musulmana, el unir y/o entrelazar las manos en la oración cristiana...), de meditación (el zazen en el que se armoniza una postura equilibrada que implica las mitades del cuerpo, la columna, la visión, la percepción en general...) o el Hatha Yoga.
En tal equilibrio nuestras mitades corporales, relacionadas con la mitad derecha del cerebro (intuitivo, holístico) y la izquierda (racional, analítico) entran en armonía. Nuestro cuerpo y nuestra mente interactúan y aparece un estado entre lo consciente y lo inconsciente, una activación de la atención sobre todos los procesos mentales, físicos y externos.

                                       
                              
                             
                           

miércoles, 21 de agosto de 2013

PNL

La Programación Neurolingüística ha venido subrayando durante bastante tiempo que el ser humano tiene tres sistemas de representación: visual, auditivo y kinestésico. Esto es, conformamos nuestra percepción y nuestra representación de la información (tanto exterocepción -lo externo- como propiocepción -dentro de nosotros-) visualmente, auditivamente o kinestésicamente (movimientos, sensaciones...) Aunque los tres coexisten, dependiendo de diversos factores uno de ellos prevalece sobre los otros dos en cada persona.
La información afectiva, la escritura de nuestro software, ingresa en nosotros y es representada de esa forma. Podemos verla representada como un sonido, una imagen o una sensación/movimiento.
A partir de ahí debemos colegir que la manera de entrar en nuestro software para optimizarlo debe ser a través de estas vías y, particularmente, la preponderante.

sábado, 17 de agosto de 2013

Ondas theta.

La actividad eléctrica del cerebro puede medirse en determinadas tipos de onda según un corchete. Las ondas theta, que se relacionan con los estados de duermevela o hipnosis, adquieren especial relevancia en la construcción de nuestra personalidad, nuestros traumas y nuestras creencias. Estas ondas están presentes de forma capital en los primeros seis años, aproximadamente, de vida del ser humano. En este estado "prehipnótico" adquirimos vivencias, mensajes, calificaciones sobre nosotros, etcétera, sea por aprendizaje directo o  vicario. A partir de aquí y nuestras experiencias más significativas se va desarrollando nuestra autoimagen en una especie de retroalimentación en espiral, es decir, según te veas a ti y al mundo, así encontrarás y acabarás confirmando  lo que ya creías. Así pues, las ondas theta son un elemento del lenguaje de ese software que compone nuestra personalidad.

miércoles, 14 de agosto de 2013

¿Quién nos programa?

La programación de nuestro software viene condicionada por muchos factores, como ya hemos estado viendo. No obstante, nuestra mente, en su función básica pronosticadora, busca una causa.
Realmente es complejo determinar un solo agente, pero el social parece el más básico. El social en toda su extensión, pero particularmente, las interacciones afectivas en nuestro entorno significativo durante los primeros años. En efecto, nuestra familia va condicionando nuestra visión de nosotros mismos y el mundo, nuestras afirmaciones y pensamientos automáticos que, como hemos visto, condicionan nuestra propia realidad a través de la retroalimentación (profecías de autocumplimiento). La cuestión es saber de dónde viene el software de nuestros padres y, lo que es obvio, qué mecanismos de adaptación social y biológica tienen. La cadena puede llegar a ser muy larga.

sábado, 10 de agosto de 2013

Profecías de autocumplimiento.

Cuando tenemos creencias sobre nosotros mismos o el mundo enfocamos nuestra atención en la dirección que ellas marcan. Así, el optimista verá el vaso medio lleno al enfocar el mundo como un lugar lleno de esperanza y a sí mismo como alguien capaz y digno de ser feliz, y el pesimista medio vacío al enfocar el mundo como un lugar hostil y a él mismo como alguien incapaz e indigno de ser feliz.
Esto son las profecías de autocumplimiento. El pesimista enfocará mal sus relaciones, se centrará en lo malo y obtendrá las lógicas consecuencias, que valorará peor aún de lo que cualquiera haría. Al contrario le ocurriría al optimista, evidentemente.
Ello no quiere decir que al optimista puedan acontecerle adversidades, claro está. Pero su valoración de sí mismo y el mundo será diferente. Sufrirá menos, su reacción será más eficiente, su resiliencia fuerte y su recuperación mejor.
Ahí topamos con el meollo del problema: nuestras creencias y su génesis.

viernes, 9 de agosto de 2013

Un cerebro hecho para pronosticar.

El estudio del cerebro es una aventura complejísima. Su relación con la mente es algo bastante prolijo y complicado. No obstante, recientes estudios sugieren que la mayor parte de la actividad de nuestro cerebro está destinada a pronosticar. Presenta esto una vis introspectiva e, incluso, imaginativa. Esta conclusión tiene una lógica aplastante: ser capaces de pronosticar e imaginar nos ha hecho supervivientes.
Pero un cerebro así dirige la atención a la deducción o la inducción, enfoca su actividad a la creación/verificación de hipótesis. Mientras con el hemisferio izquierdo analiza da soluciones globales, holísticas, imaginativas e intuitivas con el derecho, de una manera simbiótica con el inconsciente. Tenemos así, pues, una herramienta de supervivencia francamente poderosa.