domingo, 11 de mayo de 2014

La Biología de la Creencia.

En su maravilloso libro "La Biología de la Creencia" el eminente biólogo Bruce Lipton nos señala que las células sin núcleo interactúan inopinadamente con el entorno. Las cadenas de aminoácidos que forman las proteínas de la misma cambian de forma (por electormagnetismo) con el entorno. Por ello deduce que la piel de la célula es su cerebro, una interfaz, y que el núcleo es su gónada. Todo ello minimiza el papel de los genes en nuestra vida.
Añade el Dr. Lipton que las proteínas se dividen en antenas y efectores. Los receptores provocan cambios de forma en la célula para recibir la señal, de lo que se deduce que la percepción controla el comportamiento y que, por ello, este no está programado por los genes, sino condicionado por el entorno.
Si la proteína adecuada no está presente en la célula para responder al entorno, se activa una respuesta del ADN a través del ARN para interactuar con dicha señal, a través de una copia. En entornos estresantes, al no tener las células la proteína adecuada, se producen mutaciones que no son aleatorias. Bacterias en probetas sometidas al mismo estímulo desconocido responden de la misma forma, esto es, no aleatoriamente.
Por ello, deduce que nuestra percepción provoca los cambios en nuestro cuerpo, esto es, nuestras creencias, que enfocan la percepción, determinan los cambios, creencias programadas a través de las ondas theta.
Existen dos programaciones básicas de nuestro cuerpo: crecimiento o protección. Cuando la segunda se activa -en una situación aversiva- se desactiva el crecimiento, el cual, se sobreactiva -por encima de todo- con el amor.







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