Es de todos conocido el efecto placebo, pero no está del todo divulgada la extensión que dicho fenómeno entraña. La asunción de que la creencia en que una sustancia inocua puede sanar o mitigar una enfermedad o dolencia conlleva plantearnos la extensión del concepto cotidiano de mente. La ciencia admite tal fenómeno, pero es cuidadosa a la hora de asumir este efecto de modo aislado, sin contar con la mentalidad, ánimo, circunstancias concomitantes, etcétera.
En una línea muy parecida al efecto placebo podemos hablar de la hipnosis terapéutica, per se o como instrumento.
Extendiendo todo lo mencionado podemos hablar del efecto nocebo, esto es, una idea que realiza una acción similar al efecto placebo, tanto sanando como enfermando. Y esto sí que está más presente, no sin razón, en el acervo popular. En efecto, los pensamientos estresantes, mayoritariamente de naturaleza subconsciente, provocan un efecto devastador en el organismo y, sin lugar a dudas, pensamientos de contenido opuesto pueden provocar un efecto contrario.
Habría un tercer fenómeno que no quisiera dejar de mencionar y es el de la remisión espontánea. Se entiende por tal la curación inexplicable de una enfermedad, por lo general de índole grave, no atribuible al tratamiento o la propia evolución de la dolencia. Es algo harto infrecuente y en lo que concurren posiblemente una panoplia de factores que imposibilitan hacer afirmaciones categóricas científicamente hablando.
El efecto placebo, el nocebo y la remisión espontánea nos dibujan un escenario en el que podemos caer en la tentación de atribuir a la mente un poder omnímodo en el resto del organismo. Realmente existen métodos -aparte del tratado en este blog- que nos inducen a pensar en esta posibilidad, pero la prudencia nos aconseja vivamente no dejarnos seducir por algo tan arriesgado, y sí asumir que podemos adquirir una buena actitud hacia todo lo que nos venga gracias a ellos.
martes, 6 de octubre de 2015
domingo, 6 de septiembre de 2015
Aplicaciones del método (II)
El método, en su más íntima expresión, puede servir de complemento, ayuda o refuerzo a un amplio rango de actividades terapéuticas e introspectivas.
- Técnicas de saciación: la saciación, tanto en su perspectiva conductista como cognitiva, consiste básicamente en repetir una conducta disruptiva, lesiva, maniática o dañina lo suficiente como para que ya no signifique nada para nosotros. El método nos puede ayudar a recrear dicha conducta o a reforzar la técnica a través de los propósitos.
- Desensibilización sistemática: se trataría de recrear situaciones a las que tenemos fobias para, de un modo progresivo, ir desmontándolas. Trabajando con propósitos crecientes podremos ayudar a dicha técnica.
- Implosión: este método consiste en enfrentar a una persona de un modo real y físico a aquello que le provoca fobia. Trabajar con propósitos en el método puede ser más que suficiente, y al aplicar esta técnica va a resultar de gran ayuda.
- Entrenamiento autógeno: ya quedó explicado de forma somera, pero completa, este gran método de relajación, introspección, meditación y modificación del subconsciente. A través de solicitar permiso y coordinar propósitos podremos enriquecer esta práctica.
- Visualización: tanto la visualización estándar, relajante, creativa, introspectiva o meditativa, pueden ser mejorada a través de la solicitud de permiso y los propósitos.
miércoles, 12 de agosto de 2015
Joven para siempre. Perpetuos adolescentes.
Es algo común y extendido que todos queramos sentirnos siempre jóvenes. Pero, ¿por qué? Probablemente porque es un periodo de la vida que se caracteriza por:
Junto a estas características cabría hacer unas distinciones sobre la juventud:
La juventud recordada: con el paso de los años se suelen contemplar el periodo juvenil con añoranza, pero debemos partir de que los recuerdos se actualizan en función de quiénes somos y cómo nos conceptualizamos ahora. Ello no implica que no haya un poso de verdad, pero, desde luego, el componente emocional se renueva y repiensa. Como reza el título de un mítico álbum de Wim Mertens, "Épica que nunca fue".
La juventud anhelada: es un lugar ajeno a nosotros, en nuestra mente, donde proyectamos todo aquello que creemos que nos falta o deseamos con fervor, por mitificación o pura necesidad. Ello está presente no solo en una época de la vida, sino en un lugar (Arcadia, Shangri-La).
La juventud perdida: es una versión negativa de lo anterior, consistente en arrepentirnos de cosas que hicimos u omitimos en aquellos años.
Una consideración particularmente importante de la juventud la podríamos denominar los perpetuos adolescentes, esto es, personas que siguen portándose y actuando de manera inmadura (egoísmo, egocentrismo, egotismo, superficialidad, inadaptación, falta de resiliencia, incapacidad para el compromiso, falta de perspectiva social...) independientemente de la edad. Estas personas son como quinceañeros en la piel de adultos. Todos conocemos casos así. Se quedaron en los quince años y así pasen cuarenta más siguen sin moverse de la casilla, incluso desde un punto de vista estético.
Realmente buena parte de las características de la juventud andan sepultadas bajo las creencias paralizantes y solo nos hace falta cambiar estas creencias para que salgan a flote. Pero, al mismo tiempo, no podemos obviar lo antes expresado sobre la madurez. Ser joven es un estado de la mente, pero solo una vez se tienen quince años.
- Buena salud.
- Desarrollo hormonal.
- Descubrimiento asombrado del mundo.
- Limpieza y claridad en los sentimientos.
- Sueños, aspiraciones e ilusiones.
Junto a estas características cabría hacer unas distinciones sobre la juventud:
La juventud recordada: con el paso de los años se suelen contemplar el periodo juvenil con añoranza, pero debemos partir de que los recuerdos se actualizan en función de quiénes somos y cómo nos conceptualizamos ahora. Ello no implica que no haya un poso de verdad, pero, desde luego, el componente emocional se renueva y repiensa. Como reza el título de un mítico álbum de Wim Mertens, "Épica que nunca fue".
La juventud anhelada: es un lugar ajeno a nosotros, en nuestra mente, donde proyectamos todo aquello que creemos que nos falta o deseamos con fervor, por mitificación o pura necesidad. Ello está presente no solo en una época de la vida, sino en un lugar (Arcadia, Shangri-La).
La juventud perdida: es una versión negativa de lo anterior, consistente en arrepentirnos de cosas que hicimos u omitimos en aquellos años.
Una consideración particularmente importante de la juventud la podríamos denominar los perpetuos adolescentes, esto es, personas que siguen portándose y actuando de manera inmadura (egoísmo, egocentrismo, egotismo, superficialidad, inadaptación, falta de resiliencia, incapacidad para el compromiso, falta de perspectiva social...) independientemente de la edad. Estas personas son como quinceañeros en la piel de adultos. Todos conocemos casos así. Se quedaron en los quince años y así pasen cuarenta más siguen sin moverse de la casilla, incluso desde un punto de vista estético.
Realmente buena parte de las características de la juventud andan sepultadas bajo las creencias paralizantes y solo nos hace falta cambiar estas creencias para que salgan a flote. Pero, al mismo tiempo, no podemos obviar lo antes expresado sobre la madurez. Ser joven es un estado de la mente, pero solo una vez se tienen quince años.
domingo, 12 de julio de 2015
El insight.
El insight
se refiere a la capacidad de ver en nosotros nuestros sentimientos,
pensamientos, sensaciones y cogniciones. Se trata de una habilidad muy
importante para todos y que exige su práctica, que es bien sencilla, pero
exige cierta constancia, la cual –claro está – puede ser ayudada por el método
aquí expuesto.
La
manera de encontrar en nosotros puede ser propioceptiva (notar la reacción en
nuestro cuerpo, nuestras cogniciones, nuestras sensaciones a través de las tres
vías que ya vimos en la entrada de la PNL visual, auditiva y kinestésica) y/o cognitivo-verbal (qué siento, qué pienso, qué me molesta…).
El
insight nos va a ser muy útil a la hora de empatizar con nosotros mismos en
todo momento, esa coherencia y autenticidad de la que habla C. Rogers, ese ser
uno con la experiencia de la que habla el Zen . Pero, también, esa coherencia
nos va a llevar a empatizar más con los demás, a establecer una relación
auténtica, sincera y dinámica, a la compasión en el sentido budista del término
(sentir con).
Junto
a ello el insight nos va a ser útil a la hora de afinar los propósitos a
formular para reestructurar nuestra programación subconsciente.
domingo, 14 de junio de 2015
Revisando el método.
Revisando el método.
Inicio: para lograr la coherencia entre hemisferios, armonía, atención, equilibrio y tranquilidad que nos proporcionen un acceso a un estado de “atenta duermevela” (ondas theta) cruzamos nuestras piernas y unimos nuestras manos. Conviene que la espalda esté relajadamente recta. Para ello nos sentamos sobre el periné. Nos relajamos unos segundos en esa postura.
¿Y cómo cruzamos los pies? Verificando a través del teste cuál acepta nuestro subconsciente (▼)
Pedimos permiso a nuestro subconsciente y cuando notemos una sensación particular de aceptación esperamos unos segundos y pasamos a la siguiente fase.
Iniciamos la repetición del propósito. Si nos distraemos volvemos sin forzar hasta la repetición. Cuando se integre el propósito sentiremos una sensación determinada (visual, cinestésica o auditiva). Nos quedamos en ella unos segundos.
Terminamos la integración del propósito, uniendo las manos en función en posición orante con la sensación del punto anterior, unos segundos.
Damos gracias a nuestro subconsciente y salimos con calma.
Sobre los propósitos:
Formulaciones en positivo (al menos al principio para tratar de redefinir nuestra arquitectura subconsciente) en función de lo que necesitamos pensar de nosotros mismos y/o el mundo. Podemos testar muscularmente dicho propósito al estilo propugnado, entre otros, por el Psych-K. (▼) Parten de qué queremos de nosotros mismos, qué necesitamos, cuándo nos ponemos tensos, qué nos agobia, qué nos disgusta, cuál es el obstáculo que veo... (▼)
Trabajar al menos dos o tres días un propósito, aunque esto va a depender de muchos factores. Practicamos una o dos veces al día.
Cuando el propósito esté definitivamente conseguido pasamos a otro. Podemos verificar su consecución a través del test muscular (▼) aunque no es fundamental. Esta consecución nos abre la puerta, con frecuencia, a nuevos propósitos, pues muchos objetivos precisan, para ser alcanzados, varias reformulaciones subconscientes.
Reforzar lo que hemos hecho usando de vez en cuando propósitos de refuerzo como "todo lo conseguido se afianza en mí cada día más”.
El tiempo corre a nuestro favor, esto es, una vez integrado el propósito con el paso del tiempo se va haciendo más fuerte en nosotros. Cuando hayamos llegado a un punto en el que no encontremos propósitos reforzamos diariamente como se indica anteriormente.
(▶︎) Testar una afirmación:
Para verificar que una afirmación esté integrada en el subconsciente podemos testarlo. Ponemos los dedos como en las fotos de abajo. Una mano o un dedo hace fuerza sobre el otro tan fuerte como se pueda ( sin exagerar tampoco). Se realiza una afirmación cierta (p.ej.: “Me llamo…”) y se ejerce fuerza. Ese es el estado de aceptación. Luego se realiza una afirmación falsa y se ejerce fuerza. Ese es el estado de negación. A partir de ahí puede testarse la afirmación para ver si ha sido aceptada subconscientemente.
Este tipo de test se basa, como se ha visto a lo largo del blog, en la armonía mente-cuerpo y la expresión física de la actividad mental en su totalidad.
domingo, 31 de mayo de 2015
¿Pionero o prisionero?
Tomar conciencia de cómo nuestro subconsciente opera o por qué opera de la forma en que lo hace, es una labor que exige una concentración y una atención muy intensas. No obstante, es importante darse cuenta de que cuanto más actúa el subconsciente menos atendemos a lo que hace o, dicho de otro modo, cuando realizamos actividades cotidianas de cualquier tipo, o reaccionamos de la forma habitual, el subconsciente es el director de orquesta omnímodo. A la inversa, cuando más novedosa es la situación o cuando reaccionamos de una forma diferente, el subconsciente se halla más limitado y nuestro consciente toma protagonismo.
Por extensión de todo lo anterior, proponer una respuesta, reacción o valoración novedosas a una situación cotidiana nos va a desvelar parte de los mecanismos subconscientes y, quizás, un esbozo del origen del pensamiento automático que se activaba antes.
El método aquí descrito nos va a facilitar enormemente eso y, además, nos va a presentar un mundo nuevo, en el que las creencias limitantes y dañinas son corregidas por otras que nos facilitan una nueva interacción.
"Cada vez que estés tentado de reaccionar de la misma vieja forma, pregúntate si quieres ser un prisionero del pasado o un pionero del futuro" (Deepak Chopra).
Por extensión de todo lo anterior, proponer una respuesta, reacción o valoración novedosas a una situación cotidiana nos va a desvelar parte de los mecanismos subconscientes y, quizás, un esbozo del origen del pensamiento automático que se activaba antes.
El método aquí descrito nos va a facilitar enormemente eso y, además, nos va a presentar un mundo nuevo, en el que las creencias limitantes y dañinas son corregidas por otras que nos facilitan una nueva interacción.
"Cada vez que estés tentado de reaccionar de la misma vieja forma, pregúntate si quieres ser un prisionero del pasado o un pionero del futuro" (Deepak Chopra).
domingo, 10 de mayo de 2015
El peso de la conciencia.
Decía Marco T. Cicerón: "Mi conciencia tiene para mí más peso que la opinión de todo el mundo", y es así como debería ser para todos.
A lo largo del camino que lleva este blog recorrido (casi dos años) hemos estado viendo cómo se genera esa conciencia, cómo se arma la arquitectura subconsciente, que tan responsable es de lo que vemos, lo que vivimos y cómo lo hacemos. Pero, igualmente hemos visto que lo consciente nos da un margen de acción en el que tomamos nuestras decisiones, y cómo también con nuestro cuerpo en su totalidad es cómo vivimos y sentimos la vida.
Nada más fácil que psicopatizar a una sociedad, hacernos inmunes a escucharnos, vallar el insight (del que se hablará más adelante) y de, en definitiva, convertir al grupo humano, esa unión natural y comunión de seres entre sí, consigo y con el entorno, en una masa. Y es que el miedo, el embrutecimiento, el aislamiento, el consumismo y la cosificación (propia y ajena) hacen de la comunidad una masa manipulable. Llegamos así a la triste situación de que vivimos para las expectativas de los otros, por no haber podido encontrar las propias.
El método expuesto en este blog, y otros tantos,nos armonizan con nosotros mismos, nos ayudan a ser conscientes de qué barreras hay que quitar para vivir mejor y son útiles para escuchar nuestra propia conciencia, lo cual, por ende, es un quehacer para toda la vida; de forma individual, pero con un sentido colectivo.
A lo largo del camino que lleva este blog recorrido (casi dos años) hemos estado viendo cómo se genera esa conciencia, cómo se arma la arquitectura subconsciente, que tan responsable es de lo que vemos, lo que vivimos y cómo lo hacemos. Pero, igualmente hemos visto que lo consciente nos da un margen de acción en el que tomamos nuestras decisiones, y cómo también con nuestro cuerpo en su totalidad es cómo vivimos y sentimos la vida.
Nada más fácil que psicopatizar a una sociedad, hacernos inmunes a escucharnos, vallar el insight (del que se hablará más adelante) y de, en definitiva, convertir al grupo humano, esa unión natural y comunión de seres entre sí, consigo y con el entorno, en una masa. Y es que el miedo, el embrutecimiento, el aislamiento, el consumismo y la cosificación (propia y ajena) hacen de la comunidad una masa manipulable. Llegamos así a la triste situación de que vivimos para las expectativas de los otros, por no haber podido encontrar las propias.
El método expuesto en este blog, y otros tantos,nos armonizan con nosotros mismos, nos ayudan a ser conscientes de qué barreras hay que quitar para vivir mejor y son útiles para escuchar nuestra propia conciencia, lo cual, por ende, es un quehacer para toda la vida; de forma individual, pero con un sentido colectivo.
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