Aun estando inmersos en un proceso de reprogramación y desarrollo personal, es necesario encontrar un sentido propio en algo más allá de nosotros mismos, aceptando que ello condicione parte de nuestras ambiciones.
Rutger Bregman expone, en esta línea, en su libro "Ambición moral" el caso del monje lamaísta Matthieu Ricard el cual, sometido a estudios neurológicos, fue considerado el hombre más feliz del planeta. Plantea el autor que la dicha de esta persona no repercute en una mejora de la vida de los demás ni del planeta, y que su actividad diaria es esencialmente meditativa. Por contra, y en línea con al autorrealización que plantea Maslow en sus especulaciones, otras personas mucho más infelices han aportado al bienestar ajeno más y han encontrado un sentido en el camino de la vida.
Aceptando estos criterios nos debemos plantear el sentido de nuestros cambios y de nuestra dirección en un contexto mucho mayor que nosotros, pero del que formamos parte.

