La coralidad del cambio implica áreas cerebrales, nuestro cuerpo, nuestras vivencias, nuestro entorno y nuestras experiencias, todo ello en interacción. La complejidad de todo ello implica que cualquier proceso de crecimiento sea un acto único y poético, artístico, porque exige un autoconocimiento y una adaptación al entorno en función de un norte, constituido por fundamento y método. Al igual que con la parábola de Buda y la barca, debemos encontrar nuestro camino de una manera intuitiva, y alimentar esta intuición de nuestro ser y nuestra formación y práctica.
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