Como ha quedado patente a lo largo del blog, el cambio de creencias es un proceso que se retroalimenta constantemente. Existen en este devenir varias trampas, pero dos aparecen con singular frecuencia: la derrota y la definición.
El primero de ellos consiste en considerar que se está fracasando en el proceso porque no hemos llegado a la verdadera clave o, aún peor, por no haber alcanzado una parusía indefinible y extática. En todo caso en ese punto estamos sesgados y exageramos enormemente las carencias y/o idealizamos la vida.
El segundo consiste en considerar que somos el proceso. En un sentido antropológico el ser humano es una construcción constante por el resultado de una permanente interacción con nuestro entorno que conduce a una búsqueda de ajuste y homeostasis. Pero en el devenir del cambio somos nosotros mismos, nuestra realidad única.
