A veces aquellas creencias con las que estamos programados se hallan escondidas bajo las hojarascas de la cotidianidad, los hábitos y las excusas. Como autómatas ejecutamos un actuación que precisa un escenario en el que encaje. Pero, como en las enfermedades, las causas ocultas producen síntomas evidentes. Y en lo afectivo estos síntomas nos llevan a callejones sin salidas en los que cabe plantearse qué cambiar. No es necesario habitualmente hacer grandes introspecciones para encontrar qué creencia opera, sino tener una conversación franca con nosotros mismos y plantearnos qué duele, cuándo, qué persigue ese comportamiento, qué nos dice o a dónde nos lleva.

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